Rasgueo Diario

Mi opinión del curso de guitarra cristiana para principiantes desde cero

Otra vez se me atora el cambio de Fa a Do y el acorde suena a lámina de metal, no a música. Llevo casi dos años con esto, una guitarra acústica barata y la meta simple de acompañar canciones en mi iglesia, y todavía hay noches en que los dedos no llegan a tiempo. Aviso desde ya que algunos enlaces de este texto, sobre el curso de guitarra cristiana para principiantes que uso y sobre otras opciones que probé, son de afiliado: si compras por ahí me toca una comisión pequeña y a ti no te cuesta ni un peso más. Lo cuento antes de entrar en las comparaciones que de verdad importan para un principiante adulto que recién empieza con el rasgueo básico.

Un curso ordena más de lo que mil videos sueltos de YouTube pueden.

Antes de pagar nada pasé bastante tiempo saltando de tutorial en tutorial, sin ningún hilo que conectara un video con el siguiente. Encontraba una lección para el acorde de Sol y al día siguiente otra que ya daba por hecho que yo sabía leer tablatura, y ese vaivén me quitaba más ganas que cualquier dolor en los dedos. Cambié de estrategia cuando di con el Guitarra para Principiantes con Musica Cristiana [Para empezar], no porque quisiera volverme virtuoso, sino porque necesitaba un puente entre no tocar nada y poder acompañar aunque fuera una sola canción del coro.

Dedos de un principiante adulto formando el acorde de Fa mayor durante la práctica de guitarra cristiana

Lo que me convenció de quedarme fue que el curso no pierde tiempo en solos de rock ni en escalas que jamás voy a usar un domingo. Va directo a lo que un principiante adulto necesita para acompañar: acordes limpios, cambios que no se sientan a tropezón y un rasgueo básico que se pueda sostener toda la canción. Eso no quiere decir que fuera fácil. El acorde de Fa mayor me costó, y varias veces terminé usando la versión simplificada que el mismo curso sugiere para no rendirme del todo.

El compás se me fue por practicar el rasgueo sin metrónomo

Antes del curso practicaba a puro instinto, sin marcar el tiempo con nada, convencido de que el oído me iba a avisar cuando algo sonara mal. No fue así. Terminé con un compás irregular, más lento en los cambios difíciles y más rápido en los fáciles, y ese vicio tardó en corregirse más de lo que me hubiera gustado admitir. Si algo le debo a tener una ruta marcada es justo eso: alguien afuera de mi cabeza que me dijera cuándo iba desacompasado, porque solo no lo estaba notando.

La otra pelea, la física, tampoco avisa. Nadie te cuenta del calambre sordo en la base del pulgar por apretar el mástil como si la guitarra se fuera a escapar. Mi acústica tiene los 12 trastes comunes antes de llegar al cuerpo, y hay noches en que cada uno se siente como un obstáculo que los dedos no quieren saltar. En esas noches releía mis propias notas sobre qué hacer cuando duelen los dedos al tocar la guitarra por primera vez, más que nada para recordarme que es un proceso del cuerpo, no solo de la cabeza.

Lo que me mantuvo enganchado fue el repertorio, no la técnica por la técnica. Tocar canciones de fe, las que canto cada semana, le dio sentido al dolor en los dedos. No estaba haciendo ejercicios abstractos, estaba tratando de sostener un compás de 4/4 parejo en un himno conocido, sin esos baches feos cada vez que la mano se atrasaba. El rasgueo básico deja de ser un ejercicio suelto cuando lo pegas a una canción que te importa, y ese cambio de enfoque fue lo que el curso me dio.

Libreta con acordes anotados y una púa, apuntes de un principiante adulto practicando rasgueo básico en guitarra acústica

Este curso y no otro.

He mirado otras rutas de reojo. El Guitarra Master me pareció sólido si lo que buscas es una progresión más larga y técnica, de esas que te llevan a tocar canciones completas de principio a fin con más precisión, siempre que le metas constancia semanal porque no es un atajo de una semana. Pero para un principiante adulto que llega cansado del trabajo y solo tiene veinte minutos antes de que se le cierren los ojos, el enfoque directo a música cristiana me sirvió más. No buscaba profundizar en teoría, buscaba que los acordes dejaran de sonar a metal.

Hay un cambio que me trae dando vueltas desde el principio: el paso de Do a Sol. Si te pasa lo mismo, ya escribí sobre cómo pasar de Do a Sol en la guitarra sin perder el ritmo porque durante mucho tiempo fue mi pesadilla diaria. Cuando por fin salió limpio, sin ese silencio incómodo mientras acomodo el anular, nadie más lo notó, pero para mí fue una victoria completa.

Lo que un curso de guitarra cristiana resuelve, y lo que deja fuera

El Guitarra para Principiantes con Musica Cristiana no es perfecto ni pretende serlo. Si buscas guitarra eléctrica o solos rápidos, se te va a quedar corto muy pronto. Pero si lo que quieres es sentarte en tu casa y que lo que suene se parezca a una canción reconocible, cumple. El ritmo de las lecciones es amable, como si supiera que llegamos con vidas ocupadas y dedos que ya no son de plastilina.

Guitarra acústica recostada en una banca de madera de iglesia, lista para acompañar alabanzas

También llegué a mirar el Guitarra Eléctrica desde 0, con ejercicios concretos que se ven bien si tu interés real es la eléctrica, pero mi presupuesto y mi corazón estaban en la acústica por ahora. Poder levantar la guitarra sin cables ni amplificador es lo que me permite practicar esos minutos sueltos cada noche, y poco a poco eso me ha llevado a ir aprendiendo cómo tocar alabanzas sencillas en la guitarra para el coro de la iglesia. Afinar antes de empezar, cantar mientras rasgueo, todo eso sigue siendo un ejercicio aparte que no domino del todo, pero al menos ya sé en qué orden atacarlo.

Cuándo conviene un curso y cuándo basta con ir por libre

Un vecino que anda en bicicleta los domingos por el Centro Histórico, por Calle Corregidora, no necesita ningún curso para sostener su rutina; a mí, en cambio, si nadie me marca el paso, se me va el compás. Cada quien necesita una guía distinta según lo que persigue, y ahí está la diferencia entre su bicicleta de los domingos y mis noches con la acústica.

Una noche, sin que yo dijera nada, mi esposa empezó a tararear la canción que estaba practicando, como si el acompañamiento ya fuera suficientemente reconocible para seguirlo sin pensar. Fue apenas un segundo, ella ni se dio cuenta de que yo sí, pero me confirmó algo que ningún curso puede prometerte por su cuenta: que el oído de otra persona note la canción antes que tú.

Mano derecha practicando el rasgueo básico sobre las cuerdas de una guitarra cristiana para principiantes

Con eso en mente, así es como lo pienso ahora. Si tu meta es tocar rápido, con solos y teoría profunda, un curso técnico de progresión larga te va a rendir más que uno enfocado en alabanza. Si tu meta es acompañar canciones conocidas en la sala de tu casa o en el grupo de tu iglesia, con poco tiempo libre y sin ganas de perderte en videos sueltos de YouTube, un curso pensado para principiantes con música cristiana te ahorra ese laberinto. Y si de plano tu interés es la eléctrica, ni te compliques con la acústica, ve directo a lo tuyo. Ningún curso te va a curtir los dedos por ti, pero sí puede decirte en qué orden dolerán.

Si sientes que YouTube te tiene mareado con demasiada información suelta, dale una oportunidad a algo con orden, como el curso de guitarra cristiana para principiantes. No te va a hacer profesional de un día para otro, pero si lo que quieres es un camino más transitable para llegar a acompañar canciones desde cero, a mí me lo hizo bastante más fácil de seguir.

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