Rasgueo Diario

Mi opinión del curso de guitarra cristiana para principiantes desde cero

Afuera llueve sobre Querétaro y aquí adentro, con la casa en silencio porque los niños por fin se durmieron, solo quedamos mi guitarra barata y yo. No sé si a todos les pase, pero hay tardes en las que pasar de Sol a Do se siente como intentar mover una montaña con un hilo; la música se detiene en mi cabeza, los dedos se quedan suspendidos en el aire y el ritmo simplemente se esfuma. Por transparencia, te cuento que algunos enlaces de esta bitácora son de afiliado. Si acabas comprando un curso por ahí, yo me llevo una pequeña comisión y el precio para ti queda igual, ni un peso de más; solo hablo de lo que de verdad he usado mientras intento que esto suene a algo digno.

Empecé con esto a finales del año pasado, casi como un capricho de cuarentón, pero con la intención seria de ayudar un poco con la música en mi iglesia. Me compré una acústica de las sencillas en el centro, de esas que tienen el número de cuerdas estándar, 6, y que huelen a madera barata y barniz fresco en cuanto abres la funda. Al principio, ese olor me emocionaba, pero pronto se mezcló con el ardor punzante en las yemas de mis dedos tras una hora de práctica. Pensé que a mis 42 años mi cerebro ya no tendría la elasticidad para coordinar la mano derecha que rasguea con la izquierda que cambia acordes... y a veces, todavía lo pienso.

El laberinto de YouTube contra un camino trazado

Antes de decidirme por un curso, pasé semanas saltando de video en video en internet. Es el problema de hoy: hay demasiada información pero ningún orden. Perdía más tiempo buscando qué aprender que practicando. Me di cuenta de que aprender con tutoriales gratuitos requiere más tiempo de curación de contenido que pagar un curso estructurado; ese desorden me estaba matando las ganas. Por eso, cuando encontré el Guitarra para Principiantes con Musica Cristiana [Para empezar], lo que buscaba no era ser un virtuoso, sino un puente entre el silencio y mi primera participación en el coro.

Primer plano de dedos intentando poner el acorde de Fa mayor en guitarra

Este curso me llamó la atención porque no te enseña a hacer solos de rock ni escalas complicadas que no voy a usar el domingo. Se enfoca en lo que necesito: acompañar. Después de las primeras tres semanas, la frustración empezó a ceder un poco. No es que fuera fácil, pero al menos sabía qué paso seguía. Aún así, tuve momentos de pura derrota. Pasé dos semanas enteras intentando que el acorde de Fa mayor no sonara como un trozo de madera muerta, para terminar rindiéndome y usando una versión simplificada que el curso sugería. A veces, ser adulto significa aceptar que no todo saldrá perfecto a la primera.

La lucha física de las cuerdas de metal

Si nunca has tocado, nadie te advierte del calambre sordo en la base del pulgar por apretar demasiado el mástil. Es como si tuviera miedo de que la guitarra fuera a escaparse si no la sujeto con una fuerza excesiva que solo me cansa más rápido. Mi guitarra tiene esos 12 trastes comunes antes de llegar al cuerpo, y a veces siento que cada uno de ellos es un obstáculo que mis dedos no quieren saltar. En esas noches de frustración, releía mis propias notas sobre qué hacer cuando duelen los dedos al tocar la guitarra por primera vez, solo para recordarme que es un proceso físico, no solo mental.

Lo que me mantuvo pegado al curso fue el repertorio. Tocar canciones de fe, las que escucho cada semana, le daba un propósito a ese dolor de dedos. No estaba practicando ejercicios abstractos, estaba intentando que 'Cuan grande es Él' tuviera un compás de 4/4 constante, sin esos baches horribles cada vez que mis dedos tropezaban al cambiar de posición. El curso te lleva de la mano en eso, recordándote que el 'rasgueo' es el alma del acompañamiento en nuestra música.

Libreta de apuntes con acordes de guitarra y una púa sobre la mesa

¿Por qué este curso y no otro?

He probado otras cosas de reojo. Por ejemplo, Guitarra Master es excelente si quieres una ruta más técnica y larga, de esas que te llevan a tocar temas de principio a fin con mucha precisión. Pero para alguien como yo, que llega cansado del trabajo y solo tiene 20 minutos antes de que los ojos se le cierren, el enfoque de música cristiana fue más directo. No buscaba la teoría de la música en su profundidad máxima, buscaba que los acordes dejaran de zumbar.

Un martes por la noche hace un mes, algo hizo 'clic'. Estaba practicando un cambio que me traía loco, el famoso paso de Do a Sol. Si te pasa lo mismo, te entiendo, yo hasta escribí sobre cómo pasar de Do a Sol en la guitarra sin perder el ritmo porque era mi pesadilla diaria. Ese martes, por primera vez, el cambio fue limpio. No hubo ese silencio incómodo de dos segundos mientras acomodaba el anular. Fue un momento pequeño, nadie lo vio, pero para mí fue como ganar un maratón.

Mi experiencia real con el material

El curso de Guitarra para Principiantes con Musica Cristiana no es perfecto. Si lo que quieres es aprender a tocar guitarra eléctrica o hacer solos rápidos, se te va a quedar corto muy pronto. Pero para el que quiere sentarse en su sala y que lo que toque suene a canción, es ideal. El ritmo es amable, casi como si el instructor supiera que tenemos vidas ocupadas y dedos que ya no son de plastilina.

Guitarra acústica apoyada en una banca de iglesia de madera

Incluso llegué a mirar el curso de Guitarra Eléctrica desde 0, pero me di cuenta de que mi corazón (y mi presupuesto) estaba en la acústica por ahora. La sencillez de poder levantar la guitarra y tocar sin conectar cables es lo que me permite practicar esos pocos minutos cada noche. Poco a poco, he ido aprendiendo cómo tocar alabanzas sencillas en la guitarra para el coro de la iglesia, y la sensación de aportar algo, aunque sea pequeño, es indescriptible.

Reflexiones de un aprendiz tardío

El domingo pasado me atreví a llevar la guitarra a la reunión pequeña de entre semana. No fui el protagonista, ni mucho menos. Me quedé en una esquina, siguiendo el ritmo lo mejor que podía. Fallé un par de cambios, sí, y en una parte se me olvidó el rasgueo y solo di golpes hacia abajo... pero la música no se detuvo. Ese es el mayor regalo que me ha dado este curso: la confianza de que puedo ser útil con lo que tengo.

Aprender guitarra a los 40 no se trata de velocidad. Se trata de honestidad. De aceptar que tus manos van a tardar en obedecer, que el Fa mayor siempre será un reto y que un curso bien estructurado te ahorra meses de dar vueltas en círculos. Si estás en ese punto donde quieres servir en tu iglesia o simplemente tocar para Dios en la soledad de tu cuarto, te diría que no lo pienses tanto. Los dedos se curten, el calambre pasa y, al final, lo que queda es la canción.

Mano derecha realizando un rasgueo básico en las cuerdas de una guitarra

Si sientes que YouTube te tiene mareado con tanta información, dale una oportunidad a algo ordenado como el curso de guitarra cristiana para principiantes. No te hará profesional de la noche a la mañana, pero te aseguro que hará el camino mucho más transitable, un rasgueo a la vez... como me pasó a mí.

Artículos relacionados